Escribo pecados no tragedias

 

Finalmente, a fin de mes estará en las mejores librerías de Córdoba mi primer libro: Escribo pecados no tragedias.  Habrá una presentación en La Falda, casi seguro el día sábado 4 de julio en la Cooperativa de Agua.  Además, habrá dos presentaciones en la ciudad de Córdoba, aunque todavía estamos por confirmar bien lugar y fecha.  Les agradezco a los que ya han colaborado adquiriendo el libro en la preventa, y les recuerdo que a los que les interese lo pueden seguir haciendo.  He aquí la portada.  Nos leemos pronto.

tapa del libro 

A sus 23 años de edad, Marcos Funes Peralta ha reunido dieciocho cuentos en su primer libro: Escribo pecados no tragedias.  Historias entretenidas, imprevisibles, fascinantes, cargadas tanto de sutil ironía como de incisiva profundidad.

Un prólogo ficticio a un libro de dudosa autoría repasa los años del nazismo en el Hotel Edén de La Falda.  Perturbado por la votación que le corresponde desempatar, un muchacho “demasiado moral” elige traicionar a su novia.  Una nueva noche fría en el barrio, y un ángel desciende al infierno para huir de sus culpas.  ¿Ver o visualizar?, se pregunta un director de cine sin escapatoria.  Un terrorista argentino-islámico se inmola aun antes de pulsar el detonador.  La cosmogonía menos pensada: una serpiente y una tortuga definen la fortuna del universo.  Martín y el camionero viajan por una Patagonia poblada de fantasmas y recuerdos.  Los minutos más tensos en la mente de un jugador de fútbol que no parece tener todo lo que desea.  Dos amigos muy particulares se preparan para un tormento llamado Alex De Large y su pandilla.  Un viejo al que se le acabó la televisión antes que la vida.  Una mujer ambiciosa capaz de amar más de la cuenta, pero sólo por motivos biológicos.  Un guitarrista recuperado sacude el Viena Rock.  ¿Qué pasa con los que no están?: uno de ellos volverá y replanteará las ideas de una joven conformista.  Un alérgico a la gente y un extraterrestre emprenden la misión de matar al mismísimo Tinelli en vivo y directo.  Cuatro estudiantes de Superheroísmo presentan su tesis sobre viajes en el tiempo.  Las actas del proceso judicial que documentó la revolución menos pensada de todas.  Un vivo y un muerto escapan hacia la nada con una promesa inquebrantable.  Y un amor sublime que nace entre la venganza, las horas contadas y los cartones del Mercado Sur.

Este joven y premiado autor cordobés se sumerge hábilmente en un vasto mundo de curiosas formas y contenidos para dar vida a Escribo pecados no tragedias, el libro que inicia su promisoria carrera literaria.

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~ por Marcos en junio 4, 2009.

2 comentarios to “Escribo pecados no tragedias”

  1. Marcos: me da animos saber que alguien de por aqui llega a editar, pronto leere tu libro, apenas lo consiga. Soy un escritor de cuentos sin finales felices que por estos dias anda abocado a contar ciertas historias de un egocentrico llamado Mozart, vil muchacho de barrio, un personaje que me persigue. De nuevo felicitaciones por la edicion de tu libro, yo perdi mucho tiempo antes de ponerme en serio a escribir; a tu edad es maravilloso escribir.
    Sin mas que saludarte atte, Guillermo Gribaudo(Giardino).

  2. marcos,aqui te dejo un cuento que es un trinomio en realidad, pero como no se donde enviartelo,te lo dejo en este post.
    estuve leyendo algunas discusiones de cine, y os recomiendo algo a todos los participantes: no se ofendan entre si, que el cine es una puerta,una mas, para abrir percepciones, y de todo se aprende,malas o buenas pelis; y remember a don Alfredo H: “el cine es llenar todas esas butacas”, porque tiene q gustarnos, y eso es todo: cuestion de gustos, no de odios personales.Bueno, me colgue un poco,aqui te dejo el cuento este, fijate si lo colgas, si te gusta, fijate bah…..cognos y pax.
    ACORDES

    Acorde: acorde. (De acordar). adj. Conforme, concorde y de un dictamen. || 2. Conforme, igual y correspondiente; con armonía, en
    consonancia. En la música se dice con propiedad de los instrumentos y de las voces; y en pintura, de la entonación y del colorido. || 3. m. Mús. Conjunto de tres o más sonidos diferentes combinados armónicamente.

    I/ ASTOR La esperaba como a esas cosas que de tanto idealizar ya uno perfectas las imagina, intocables, inasibles. Se me acostumbró el cuerpo a eso de ir siempre a la misma hora a ver la trompa de los tremendos pajarracos aparecer tras los vidrios polarizados limpios aburridos extaticos iguales a todos los vidrios de todas las terminales de pajarracos inmensos. Los carteles luminosos de marcas de cigarillos me invitaron a fumar cada vez y cada vez dije si, y fume de mis anacrónicos Bensons , y girando como un perro tras su cola, camine torpe y centro de atención de los transeúntes por la sala.
    En el ochenta se fue, y hace tres años que me escribo fluído; tonterías, las mismas de siempre: el café con leche contra el mate, el asado contra la carne magra, los discos de Piazzolla inconseguibles allá y acá un poco menos, la forma de ahogarnos de los que manejan los hilos en ambas puntas del globo. Esas cosas. Cuándo se fué me dejo Libertango en el ropero, sobre un pantalón que nunca tiré, medio de vago, medio de miserable nomás. ¿Le quedará lindo el pelo teñido como me contó en la última carta?, ¿ y los kilos de más que se vislumbraban ya en esos días previos a la huída?, ¿habrán ganado terreno?; boludeces, insignificancias que tomaban un sentido abstracto al ver esas hojas con la caligrafía escueta y chiquita de colegio Bernardino Rivadavia que nunca se sacó de encima, ni con sus años de Filosofía y Letras ni con sus escritos en los pasquines setentistas llenos de notas sobre los barbudos de esa isla de mierda dónde no consegui ni Coca Cola ni fasos ni pollos ricos cuándo fuimos. Ella pareció disfrutarlo, mirando la Plaza de la Revolución como si fuese el Partenón y sonriendo ante cada diez pesos con el Patria o Muerte grabado sobre el metal. Recuerdo también haber hecho el amor en esos días como nunca antes ni después, tal vez el clima, quizás el microclima de ella. A las manchas no las vi, pero ella decía que si, que las tenía, que como no las veía, acercáte, fijáte, que carajo tenes, ¿estas ciego?. Dice que por ahí sube de peso y por ahí baja, por eso conservo esperanzas de verla bien, en un intermedio. Dice que Madrid está convulsionada, y que los etarras andan volando cosas tambien por ahí, que tiene un susto bárbaro cuándo pasa cerca del centro; que la Puerta del Sol se llena de hippies tardíos que tratan de soñar lo que pueden, justo antes que los carguen los celulares. Las manchas esas, nadie sabe que carajo son, o nadie le quiere decir. Ahora le agarró miedo, andá a saber, dice. Recuerdo que el último pajarraco de esa siesta llegó al mismo tiempo que un gol de Boca en el Chateau que una radio grito, y me pareció que un hincha de Talleres puteaba por lo bajo, aunque tal vez solo puteaba el tener que seguir limpiando los pisos fríos y tristes. En la cafetería nada pasaba: ni los espejos aumentaban la cantidad de gente, ni la gente intentaba una pasada frente a ellos para lograr asi la ilusión óptica de la suma de caras y trajes y bigotes y corbatas y uniformes de vuelo.
    La cafetera resopló al inflarse la manga, y sentí un doble ruido de aire soplado viniendo de dos frentes. Pensé que no, que tampoco en este, y la vi cuándo la tuve a dos metros, pasando el detector y mirando la cinta que mareaba a las pobres valijas cansadas ya de tanto viaje sobre el agua. Miró perdida un rato y me descubrió, y un solo llanto entrecortado y el abrazo que pareció multiplicarse por miles y que si funciono como una ilusión no como los espejos de la cafetería que allá atrás seguían esperando nacer en un reflejo que los hiciese sentir útiles. Pobre, estás mucho más flaca y esas manchas que tenés en los brazos y me parece que también tenés una atrás, ahí, en el cuello, y decis que estuvo bravo España y que casi te cagan a tiros en una marcha y no me digas que fuiste a ver al Barsa de visitante al Bernabeu y lo escuchaste a Astor todos los días y no te aburriste no yo tampoco mirá que soy medio vago para comprar música si el Adios Nonino no me canso si parece que te estuviese haciendo el amor cuándo lo pongo en el combinado y a vos también te parece lo mismo y no me digas que estuviste sola ajá eso dijo el médico mira vos che nadie sabe que es y no debe ser nada tan grave a lo mejor acá vemos que es te acordás el Luisito ahora se recibió y por ahí nos ayuda un poco y total ahora te vas a relajar y acá parece que se van los guachos de los milicos y hasta me dijeron en el diario que por ahí hay elecciones este año y después vemos y te sentis bien ¿ segura que estas bien? Mirá que llamo a urgencias y pará, para que te agitas.
    No recuerdo haberla ido a visitar mucho, no me dejaron, pero si recuerdo que borré de mi mente como estaba; ahora la recuerdo como quiero recordarla, como se fue a España, antes del pajarraco ese trompudo que bajó con esa mujer que no vi salir de mi vida cerca del ochenta. Me llamaron para avisarme, y me contaron que lo último que dijo fue que le gustó mucho haberme conocido y que las notas de Astor en Adios Nonino le recordaban el comienzo de Cafetin de Buenos Aires y qué si yo no llegaba a tiempo me dijeran que cada tanto, cuándo la extrañe mucho, escuche Adios Nonino mirando el horizonte, como antes de toda esta mierda. No fui al entierro porque nunca me llevé bien con los muertos ni con los familiares de los muertos. Me quede en casa, escuchando, hurgando, buscando, tanteando a oscuras las notas y las escalas fluctuantes y el violín de Agri calmando la tormenta de sonidos y el aluvión de Astor atacando esas notas que tanto nos hacían reír y llorar a veces, y que ahora solo me hacen parecer vano y tonto el haberme quedado tan solo, agarrado a una mujer, ella, que solo quería escuchar a Astor y dejarse llevar, con esa furia a cuestas que me hizo sentir tan vivo, que me parece ayer el estar los dos por el centro comprando un disco de Astor mientras afuera, las gentes todas iguales dormían sus sueños parados, yendo a trabajar estudiar comer cagar soñar sueños y vuelta a empezar. La púa salta ahora, mientras recuerdo cada caricia y cada beso, y veo por el ventanal un pajarraco caer de pico sobre la ciudad dormida en sueño eterno.

    II / UNA DE LEGIAO URBANA
    El alfombrado de la sala estaba cargándose de envoltorios y latitas vacías de gaseosas. Nada parece hoy, que haya cambiado en la sala: ahí siguen, los mismos desperdicios, quizás otros. Voy de un lado al otro del inmenso hall preguntándome una y otra vez si pude cambiar las cosas aquella vez, y no encuentro en las baldosas con formas geométricas perfectas el hilo de la historia y su porque.
    La noche no parecía acabarse jamás. Un viernes como suelen ser los viernes del mundo: llenos de alegría etílica y con posibilidades ciertas de si no flechazos, sexo. Ese viernes empezó el fin de semana que aún no ha terminado, y por lo que creo intuir, no lo hara.
    El inconsciente grabó una canción para siempre: sexo verbal ñao faz meu estilo…palavras sào erros e os erros sào seus… se escapaba por los parlantes escondidos de la vieja casona. Entre las varias deidades bien altas, morochas, rubias y de pelos de colores indefinidos la más apetecible era un faro a dos sillones de distancia: Simone. Simone esplendía y sus sueños no eran los míos pero que importan los sueños cuando ciento noventa centímetros de piel dorada y huesos perfectos se paran en un momento y te preguntan si “¿querés una copa?” y vos ya arrumbaste cualquier preconcepto sobre el mágico mundo de las lánguidas y etéreas modelos, que aunque no lo creas, no viven en las gigantografías de los emporios ni en los envases de perfumes. Simone venia de San Pablo y tenia la edad justa en la que el gran porcentaje de mujeres esta haciendo sus primeras armas en el mundo del desengaño y del sexo. No era su caso: separada y con más encuentros del tipo touch and go según sus palabras, que la gran mayoría de sus propias compañeras de rubro.
    Ñao quero lembrar que eu erró também….Y se dedicó durante tres cuartos de hora a posar de manera sutil, y a explicarme con lujo de detalles lo difícil y arduo que es posar ante cámaras y flashes en playas, montañas, y paraísos varios. “que Paris no es lo que parece” que “Turín es un lugar divino, pero el invierno es inaguantable entre sus callecitas llenas de sombra” y a recordarme que es un laburo “de lo mas jodido eh? como dicen ustedes, jodido…”. Y al segundo copón de Cabernet Suavignon pasó lo que tenia que pasar: me interese de tal manera en el arte de las pasarelas y la alta costura, que la lleve al borde de la pileta sin soltar de la mano libre el copón. “¿a vos te parece acá?”” y si me parecía. “mira que están todos con un ojo puesto en la pileta, no será un bochorno”, y no, no lo era, con casi un litro de Cabernet en las venas nada es ni será un bochorno. “mejor subimos”. Y fue mejor: mucho mejor que lo que hubiese deseado e imaginado. Una maquinita paulista de hacer el amor y aspirar cocaína. A tres rayas por descanso, sin contar la previa y las dos de antes de dormir, la cocaína era tan amiga de ella como el vino mio. Un intento de plática interrumpida por la ida al baño de urgencia para desagotar el vino, fue todo el intercambio de palabras en la cama. La casona seguía con su latir de música y de risas y grititos histéricos, y de puertas que se abrían y cerraban. Una verdadera fiesta a pasos de las miserias del día a día: en la calle los pibes pasteados ensucian vidrios por monedas y un arlequín triste juega con conos y pelotitas de colores cada vez que el verde les da sus dos minutos para sobrevivir.
    La verdad es que no pretendía descubrir nada nuevo, ahora que escucho la dulce voz salir del disco recién abierto; ya perdí dos originales desde que la conocí. Nunca fui bueno para decir no a los prestamos. Um dia pretendo tentar descobrir porque é mais forte quem sabe mentir….En realidad nunca fui muy bueno ni escribiendo ni ordenando mis cosas ni cocinando ni tocando el saxofón; para que mentirse cuando ya las cartas están con el lomo para abajo. Ñao quero lembrar que eu minto também…eu sei…debe ser por eso que volví a la vieja casona de la ocre ciudad a buscar las migajas de aquel viernes que no termina.
    Siempre una presentación de alguna marca congrega a las efigies de labios de botox y vestidos de precios tan altos como ellas. La busque en una noche de hace dos años; la busque en una del año pasado; la busque en estos últimos meses de manera semanal; la busque hace tres noches por ultima vez. Feche a porta do seu quarto…porque se toca o telefone pode ser alguém com quem vocè quer falar por horas e horas e horas…y horas y horas y horas pensando en Simone que me dejo un mensaje en el móvil y un par de marcas en el fondo, donde la piel se hace tan piel que me la confundo con los sentimientos, si en verdad esos hijos de puta moran entre los huesos.
    Volví a pensar en ella hace horas, porque el mensaje decía que esta noche quizás pasase por esta mole aburrida de fiestas de vino y cocaína porque tenía que “hacer un trabajo regrosso para un diseñador nuevo regrosso”. La voz del disco inunda todo y me dan ganas de que el tiempo se trague también a esta paulista de las noches insomnes; carga ese peso muchacho. Vacía, casi tan material como para semejar inmaterial, si es que valen las definiciones de después de las once de la noche. A noite acabou, tal vez tenhamos que fugir sem vocè…Mas ñao,ñao vá agora, quero honras e promessas, lembrancas e historias….No pareciese que fuese a llamar esta noche, y por algo que no llega mi gris mente de escritor de editoriales banales y artículos que quieren pasar por vanguardistas a comprender de manera cabal, solo se entrecruzan las imágenes de los envoltorios de golosinas de aquella noche y las latitas vacías de la tarde del sábado cuando por fin nos levantamos de las sabanas color sus ojos, celestes puras, rasas como suaves.
    Sin ánimo de entristecer esta, mi historia, solo puedo contar la verdad, y la verdad es que aun no ha llamado. Somos pássaro novo longe no ninho…Eu Sei… No creo que valga un día mas la espera: si llamase seria solo eso, un ring de manual, una llamada. Lo único que me duele, es que jamás me gustaron ni las modelos ni las canciones de Renato Russo. Creo que voy a perder adrede este disco que me atormenta. Lo otro, aquello de los ojos quitaalientos y de los ciento noventa mas hermosos centímetros que alguna vez disfrute, no quiero olvidarlo. El hall debe tener otros papelitos y otras latitas, tal vez hasta su risa guardada entre los pliegues de las baldosas. Tal vez vuelva.

    III/ TRANE Y EL FRÍO

    Lo peor de querer rascarse la espalda en ese punto, es que se torna inalcanzable. Mirar al perro que cual gimnasta chino logra rascarse donde sea no hace sino exponenciar la ira. Buscamos un bolígrafo, una regla de madera, lo que se encuentre: nunca es suficiente para rascarse. Son las primeras horas de un día de Julio y el campo esta soleado como los días de invierno con sol de los campos. El ex escritor y ex amante y ex editor y ex contribuyente y ex afiliado al partido Justicialista lucha obstinado por llegar al punto de la espalda, que inmune a los esfuerzos de su dueño, resiste.
    En algún campo de algún otro lugar otro tipo estará rascándose la espalda, y lo hará de manera exitosa: eso lo deprime. Igual que lo deprime ver la cara de los peones que se pasean sin saber que hacer, por que no hay mucho trabajo aparte de llevar de un corral a otro a los caballos. Mirar las formas de las nubecitas aisladas lo hace descubrir rostros de personas y personajes que lo sumergen aun mas en la depresión; hace ya largo tiempo tendría que haber dejado de tomar alprazolam en todas sus marcas y variantes, las que apila en cajitas en la mesada, a la vista de cualquier visitante, que de hecho, no son muchos. Algún que otro colega de sus épocas de redactor de diarios de izquierda que lo viene a “ver” para tratar de meterlo a el y a su pluma (su Olivetti verde en realidad) en los pliegues de la realidad que, dicen por la radio, es otra. Se viene la primavera democrática, y la esperan con gusto en las ciudades y los campos, en las provincias y allá en la Capital, hogar de los que fueron a golpear los cuarteles. Piensa en estas visitas aisladas que se dan desde hace unos meses y sigue buscando el punto en la espalda: cada vez inalcanzable, ahora el cabo de un matamoscas es la extensión salvadora que no salva.
    Se vuelve a sentar frente a la ventana pero mirando hacia dentro, y mientras hace esfuerzos que se verían ridículos para un ocasional observador, clava la vista en las fotos de las paredes; en la mejor ubicada, la que esta arriba del piano que nunca mas tocó, se lo ve junto a ella y a su hijo: Mardel en los setenta, y los putos lobos marinos. ¡Que encaprichada que estaba siempre por sacarse la misma foto que irremediablemente se perdería en alguna caja de zapatos! Pero esta sobrevivió; quizás lo único que sobrevivió. Sus mañas y sus defectos y sus locuras y sus atisbos de genialidad, todo se fue con ellos dos. No valía la pena dejar escapar ninguna lágrima, ya todas eran sin sentido. La primavera democrática, mira vos. En la radio dicen que ayer, en la base Vostok de la Antártida, se midió la temperatura mas baja de todos los tiempos. Debe ser, que carajo le importa. En su mente el clima se estaciono en una mediocridad de otoño tirando a invierno, que no sirve para soñar ni para nada que no sea dejarse estar.
    Una hoja de la resma, correr el carrete que todavía no rechina como los viejos. Bendita Olivetti, y encontrarse con la famosa hoja en blanco, metafórica y a la vez literal connotación de lo que siente. La radio aburre con las canciones de rock nacional que han puesto de moda la Guerra y el oportunismo de los roqueros. Encuentra “A Love Supreme” de Coltrane de un vistazo, en su funda ajada, y decide ir a clavarle la púa encima. Una vez con el vinilo en la mano derecha, se le vienen a la mente las mil y una veces que lo escucharon con ella, cuando Jeremías era un nenito molesto y trataban de domarlo con el sonido de Coltrane; o las otras, cuando Jeremías ya se dormía, y ponían bajito el disco y se tiraban en el sofá, con la manta de alpaca de la abuela, y soñaban con que la revolución no fuese en verdad un sueño eterno, sino realidad. La revolución y el amor eran más o menos lo mismo esos días: en estos parecían cadáveres que se pudren.
    Puso el pickup en el surco y se dejo llevar por la locura de ese saxo tenor que dirigía la locura de los otros más desquiciados aun por seguir en esas escalas y esas notas al tipo que cambio al jazz de un solo cachetazo. ¿Por qué no habían podido cambiar las cosas tan fácil como se hacia en la música? Tal vez el arte de la revolución no fuese fácil de captar, tal vez llevaba muchos mas años que los necesarios para largarse solo con un saxofón. Tal vez tal vez tal vez; la reputamadre con los talvez que nunca fueron; la reputamadre con los “exiliados” que desde allá pelean por lo de acá; la reputamadre aquellos que se pasaron del otro lado de la calle. Se sentó; ahora la espalda molestaba un poco menos. Las fotos seguían ahí: la del Normal con los pibes de 5to A, la del club con algunos del 5to mas algunos de otros barrios, la del bar “El Once” con algunos de cada uno de los grupos, la del Chueco con el en un viaje de caza al monte. Matemáticamente no habría errado por mucho: calculaba que la mitad al menos, no estaban más. Por porfiados, por guerrilleros, por inteligentes, por escapados, por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, por estar en lugares que no estaban equivocados en momentos que tampoco estaban equivocados, por lo que carajo fuera, no estaban. Estaban en las fotos, en la galería de la casa de campo de un tipo que lo único que hacia era escribir y cada vez menos. En la galería de un tipo que tomaba vino tinto de una sola marca, que intentaba dejar el alprazolam de cualquier forma, y que nunca se atrevería a descolgar las fotos. Pensó un instante en las fotos, mientras el coro surrealista del disco repetía una y otra vez: “a love supreme….a love supreme…a love supreme….a love supreme”, apretó con fuerza las teclas, y dejo que el frío que inundaba todo se metiera en su cabeza llena de tristezas. Caló humo hondo y escribió:
    Nunca puedes olvidar que ahí esta el olvido; no puedes dejar de soñar en que las caras de las fotos empiecen a reír por arte de magia y bajen caminando de las paredes y se materialicen ahi, frente a ti. Nunca podrás mirar una cara sin acordarte de su cara; solo si estás seguro que un Dios designa podrás estarlo de que un Diablo entreteje destinos; solo en ciertos lugares este, Diablo omnipresente, toma formas concretas y hace su bacanal insólita y despiadada, ante los ojos de los fieles de su enemigo mas concreto.
    Al otro día, 23 de julio de 1983, lee en el diario que cuarenta y ocho horas antes se registró el “Día mas frío de todos los Tiempos” y que en la Antártida los rusos midieron 89.2 grados bajo cero. Cuando lo lee, se da cuenta que ha dormido sobre la maquina y que la picazón en la espalda, como tantas otras cosas, ya no existe. La hoja en la Olivetti verde lo mira despiadada, y el se levantara y pondrá de nuevo a Coltrane y mirara las fotos y de una vez por todas se convencerá que muchas cosas ya no serán. Solo el frío.

    The years teach much wich the days never know

    Ralph. W. Emerson

    LOTR

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